Nuestras heridas también aprenden a amar

La manera en que nos relacionamos no comienza en nuestras relaciones de pareja. Comienza mucho antes.

Aprendemos a relacionarnos a partir de nuestras primeras experiencias: cómo fuimos mirados, escuchados, cuidados, reconocidos, consolados y también de aquello que sentimos que tuvimos que hacer para recibir amor o sentirnos seguros.

Por eso, nuestras relaciones adultas muchas veces están atravesadas por nuestra historia.

Una persona puede haber aprendido:

“Para que me quieran tengo que complacer.”

Otra:

“Si necesito demasiado, voy a molestar.”

Otra:

“Tengo que poder con todo.”

Y otra puede haber aprendido:

"Si alguien se aleja, seguramente hice algo mal."

Estas ideas no siempre son conscientes. Muchas veces aparecen como reacciones automáticas.

A veces somos niños atrapados en cuerpos de adultos