Volver a mí: un camino que recorremos más de una vez
Hay momentos en la vida en los que nos damos cuenta de que nos hemos alejado de nosotros mismos.
No necesariamente porque haya ocurrido algo extraordinario.
A veces simplemente hemos pasado demasiado tiempo atendiendo las necesidades de los demás, cumpliendo expectativas, resolviendo, trabajando, cuidando, sosteniendo relaciones o intentando ser aquello que creemos que los demás esperan de nosotros.
Y un día aparece una pregunta:
¿En qué momento dejé de escucharme?
Volver a nosotros mismos no significa regresar a quienes éramos antes.
Significa comenzar a reconocer quiénes somos hoy.
Nuestra esencia también se transforma
A lo largo de la vida atravesamos diferentes etapas.
Somos hijas, parejas, madres, profesionales, cuidadoras, amigas, mujeres que comienzan de nuevo.
Y cada etapa puede llevarnos a adaptarnos.
A veces esas adaptaciones son necesarias. El problema aparece cuando permanecemos demasiado tiempo en una versión de nosotros que ya no corresponde con lo que necesitamos.
Podemos acostumbrarnos a ser fuertes cuando en realidad necesitamos apoyo.
A cuidar a todos cuando también necesitamos ser cuidadas.
A decir que sí cuando nuestro cuerpo está diciendo que no.
A permanecer en lugares que alguna vez tuvieron sentido, pero que hoy ya no nos permiten crecer.
Volver a mí no es una decisión que tomamos una sola vez
Creo que volver a nosotros mismos es un camino que vamos a recorrer varias veces a lo largo de la vida.
Después de una separación.
Cuando los hijos crecen.
Cuando cambia nuestra familia.
Cuando nuestro cuerpo cambia.
Cuando terminamos una etapa profesional.
Cuando nos damos cuenta de que una relación ya no se siente igual.
Cuando aquello que antes nos hacía sentido deja de hacerlo.
Cada transición puede invitarnos a preguntarnos nuevamente:
¿Qué necesito ahora?
¿Qué quiero conservar de quien he sido?
¿Qué necesito dejar atrás?
¿Qué parte de mí he dejado de escuchar?
El cuerpo muchas veces sabe antes que nosotros
A veces la mente se acostumbra a una situación mucho antes de que el cuerpo lo haga.
Decimos “estoy bien”, pero vivimos cansados.
Decimos “no pasa nada”, pero sentimos tensión constantemente.
Decimos “puedo con todo”, mientras nuestro cuerpo pide una pausa.
Por eso, aprender a escucharnos también implica volver al cuerpo, reconocer nuestras emociones y prestar atención a aquello que estamos sintiendo antes de llegar al límite.
¿Y qué tiene que ver la terapia con volver a mí?
La terapia puede ser un espacio para detenernos.
Para dejar por un momento los roles, las exigencias y las respuestas automáticas y preguntarnos qué está pasando realmente dentro de nosotros.
No para encontrar una versión perfecta de nosotros mismos.
Sino para recuperar contacto con nuestras necesidades, nuestros límites, nuestros deseos, nuestras emociones y nuestra propia voz.
Porque quizá volver a mí no significa encontrar finalmente “quién soy” y quedarme ahí para siempre.
Quizá significa aprender a volver a escucharme cada vez que la vida me lleve a un lugar diferente.
Y tal vez eso sea parte de crecer: no dejar de transformarnos, sino aprender a regresar a nosotros mismos una y otra vez.